Entonces Marta se despierta. Menos mal, sólo era un sueño.
Los días van pasando y también los meses y el deseo de Marta sigue sin cumplirse. Y en realidad, esto es lo mejor que podía pasarle, porque por mucho que quieras a una persona, hay cosas que no se deben perdonar. Porque un amor que mata es de todo menos amor.
Amores que matan... nunca mueren.
jueves, 12 de febrero de 2015
viernes, 3 de enero de 2014
5.
Subieron al coche, a un Peugeot blanco, tardó un poco en arrancar porque Pablo soltó la llave demasiado pronto. Se dirigieron a una casa abandonada, pero no entraron, decidieron quedarse fuera, donde lo único que les alumbraba era la luz de la Luna y las estrellas.
Pero ya no sentían lo mismo, aunque aún se querían ya no era el mismo amor que les unió por primera vez. Pablo intentó olvidar a Marta en cuerpos de otras mujeres, y Marta se sentía mejor sola.
Entre lágrimas empezaron a hablar:
-He venido hasta aquí porque no he conseguido olvidarte.
-¿Has probado a dejar de pensar?
-Sí, por supuesto, pero vivir más solo significa sufrir más tiempo el recuerdo o el olvido de ti.
-Y, ahora que es todo irremediable, ¿crees que yo tengo más parte de culpa que tú en esto?
-No hay nada irremediable. Marta, lo peor no es no encontrar el amor de tu vida, sino encontrarlo y dejarlo marchar. Por eso estoy aquí.
Pero ya no sentían lo mismo, aunque aún se querían ya no era el mismo amor que les unió por primera vez. Pablo intentó olvidar a Marta en cuerpos de otras mujeres, y Marta se sentía mejor sola.
Entre lágrimas empezaron a hablar:
-He venido hasta aquí porque no he conseguido olvidarte.
-¿Has probado a dejar de pensar?
-Sí, por supuesto, pero vivir más solo significa sufrir más tiempo el recuerdo o el olvido de ti.
-Y, ahora que es todo irremediable, ¿crees que yo tengo más parte de culpa que tú en esto?
-No hay nada irremediable. Marta, lo peor no es no encontrar el amor de tu vida, sino encontrarlo y dejarlo marchar. Por eso estoy aquí.
4.
Entre besos y caricias se susurraban al oído:
-Marta... ¿Tú me estabas esperando?
-Sí. A pesar de la distancia, de las ilusiones rotas, de los besos pendientes, de las caricias al viento; sigo aquí. Porque te quiero.
-Yo también te quiero. Ahora sube al coche, que nos vamos.
''No hay ningún dolor que no se calme con caricias''.
jueves, 2 de enero de 2014
3.
Esa noche Pablo decidió coger el avión e ir a la casa de Marta sin que ella lo supiese.
Cuando llegó frente a su ventana miró la hora en el móvil y comprobó que eran las cuatro y cuarto de la madrugada. Pensó que le costaría bastante despertarla, y entonces se le ocurrió qué hacer. Se fue a buscar una piedra, pero en su busca le estuvo dando vueltas a la cabeza y él mismo se dijo que solo en las películas llamaban veinticuatro veces a una ventana pensando que la chica aparecería por la ventana como si nada.
Pero de repente Marta abrió la ventana:
-¿Qué quieres?
-Nos vamos.
-Vale.
Pablo se quedó un poco desilusionado con la respuesta de Marta; él esperaba algo más exagerado, alguna reacción de ''¡Tú estás loco!'', ''¡Es una locura!'', o al menos un... ¿Dónde vamos a ir?
Pero un simple ''vale'' le hace pensar que Marta le estaba esperando y que si no se hubiera fugado le habría decepcionado.
Cuando llegó frente a su ventana miró la hora en el móvil y comprobó que eran las cuatro y cuarto de la madrugada. Pensó que le costaría bastante despertarla, y entonces se le ocurrió qué hacer. Se fue a buscar una piedra, pero en su busca le estuvo dando vueltas a la cabeza y él mismo se dijo que solo en las películas llamaban veinticuatro veces a una ventana pensando que la chica aparecería por la ventana como si nada.
Pero de repente Marta abrió la ventana:
-¿Qué quieres?
-Nos vamos.
-Vale.
Pablo se quedó un poco desilusionado con la respuesta de Marta; él esperaba algo más exagerado, alguna reacción de ''¡Tú estás loco!'', ''¡Es una locura!'', o al menos un... ¿Dónde vamos a ir?
Pero un simple ''vale'' le hace pensar que Marta le estaba esperando y que si no se hubiera fugado le habría decepcionado.
2.
A la mañana siguiente, Marta se levantó con ganas de cumplir todo lo que se habría propuesto para este nuevo año. Así que se puso manos a la obra y se fue a hacer deporte, esta Navidad había comido mucho turrón. Hizo los deberes, estudió piano, y finalmente acabó el día contenta tras haber conseguido llegar a la meta que se había propuesto.
Se tiró en la cama, y lo primero que hizo fue ponerse a pensar en él, como hacía todas las noches. Después cogió el móvil y se puso a hablar con algunos amigos.
Diez minutos después, lo que no esperaba Marta era que Pablo le mandaría un mensaje.
Sonó el teléfono, concretamente ''Nos sobran los motivos'' del gran Sabina. Era el mensaje de Pablo. Marta al ver su nombre empezó a temblar. Ella sabía que volvería, sabía que a pesar de todo el daño causado, le hablaría. Sabía que iba a temblar y que sentiría algo por dentro tan solo al leer ''Feliz año''. Ella sabía que un feliz año solo sería si él seguía estando en su vida. Marta sabía todo, menos que los deseos se cumplen. Justamente, ayer a las 24:00 pidió que Pablo volviera.
Marta seguía temblando, aunque bueno, no sabía si temblaba de miedo, de frío, o de ganas de que le abrazara.
Se tiró en la cama, y lo primero que hizo fue ponerse a pensar en él, como hacía todas las noches. Después cogió el móvil y se puso a hablar con algunos amigos.
Diez minutos después, lo que no esperaba Marta era que Pablo le mandaría un mensaje.
Sonó el teléfono, concretamente ''Nos sobran los motivos'' del gran Sabina. Era el mensaje de Pablo. Marta al ver su nombre empezó a temblar. Ella sabía que volvería, sabía que a pesar de todo el daño causado, le hablaría. Sabía que iba a temblar y que sentiría algo por dentro tan solo al leer ''Feliz año''. Ella sabía que un feliz año solo sería si él seguía estando en su vida. Marta sabía todo, menos que los deseos se cumplen. Justamente, ayer a las 24:00 pidió que Pablo volviera.
Marta seguía temblando, aunque bueno, no sabía si temblaba de miedo, de frío, o de ganas de que le abrazara.
1.
Media parte de la familia estaba mirando la tele, alagando a Ramón García, sin perder la vista del reloj. La otra media estaba preparando las uvas, poniendo hielo en las copas que contenían champán y sacando algunos dulces que habían comprado en la pastelería de Lhardy.
Marta se fue a su habitación, y como manda la tradición, se puso ropa interior de color rojo.
Media hora después llegó la hora tan esperada. Dieron los cuartos y acto seguido sonaban las doce campanadas. A unos les dio tiempo a acabárselas todas, a otros no, pero a nadie les faltó pedir un deseo. Marta pidió uno, sin saber que muy pronto se iba a cumplir.
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