Subieron al coche, a un Peugeot blanco, tardó un poco en arrancar porque Pablo soltó la llave demasiado pronto. Se dirigieron a una casa abandonada, pero no entraron, decidieron quedarse fuera, donde lo único que les alumbraba era la luz de la Luna y las estrellas.
Pero ya no sentían lo mismo, aunque aún se querían ya no era el mismo amor que les unió por primera vez. Pablo intentó olvidar a Marta en cuerpos de otras mujeres, y Marta se sentía mejor sola.
Entre lágrimas empezaron a hablar:
-He venido hasta aquí porque no he conseguido olvidarte.
-¿Has probado a dejar de pensar?
-Sí, por supuesto, pero vivir más solo significa sufrir más tiempo el recuerdo o el olvido de ti.
-Y, ahora que es todo irremediable, ¿crees que yo tengo más parte de culpa que tú en esto?
-No hay nada irremediable. Marta, lo peor no es no encontrar el amor de tu vida, sino encontrarlo y dejarlo marchar. Por eso estoy aquí.
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