Esa noche Pablo decidió coger el avión e ir a la casa de Marta sin que ella lo supiese.
Cuando llegó frente a su ventana miró la hora en el móvil y comprobó que eran las cuatro y cuarto de la madrugada. Pensó que le costaría bastante despertarla, y entonces se le ocurrió qué hacer. Se fue a buscar una piedra, pero en su busca le estuvo dando vueltas a la cabeza y él mismo se dijo que solo en las películas llamaban veinticuatro veces a una ventana pensando que la chica aparecería por la ventana como si nada.
Pero de repente Marta abrió la ventana:
-¿Qué quieres?
-Nos vamos.
-Vale.
Pablo se quedó un poco desilusionado con la respuesta de Marta; él esperaba algo más exagerado, alguna reacción de ''¡Tú estás loco!'', ''¡Es una locura!'', o al menos un... ¿Dónde vamos a ir?
Pero un simple ''vale'' le hace pensar que Marta le estaba esperando y que si no se hubiera fugado le habría decepcionado.
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